lunes, 24 de noviembre de 2008

La Pantalla

La luz azulada y brillante parece traer un momento de paz a su espectador. El sintetizador canta proféticamente el inicio, la apertura de la ventana, bienvenido a tu vida en la pantalla. Jornada y descanso están contenidos en los rectángulos luminosos que se han convertido en deidades: ya no son herramientas sino lujos; y salimos a la calle, y también están ahí, cuando el timbre llama nuestra atención y una pantalla revela la identidad de nuestro interlocutor, cuando pasamos de “track 1” a “track 2” y a “track 3”, y orgullosos mostramos en la palma de nuestra mano, la costosa interfase de nuestro “tracking” diario, ya más automatizado que voluntario. Profano el artificio que no invoque las miradas y tenga menos de 1 Giga de memoria. En el fondo de nuestra conciencia, los libros en llamas que no habremos de leer. No necesitamos a Montag.

Renunciamos a la memoria tiempo atrás, redefinimos la realidad para que no nos atormentara el vivir dedicados a objetivos abstractos, quizá por eso nos fascina la idea de una vida alterna en la pantalla, quizá eso nos permita recorrer las dunas de un desierto imaginario bajo otro nombre, seguido de avatáricos compañeros que no habremos de conocer en carne y hueso. No nos molesta porque ya lo hemos hecho antes. La pantalla sólo reemplazó a nuestra primera interfase: el alfabeto. Con menos seguidores, la escritura tipográfica fue nuestra primer pantalla, nos hizo Anna Karenina, nos presentó Macondo y nos dio sentimientos que no correspondían a la realidad, nos aisló de lo que era “el mundo real”.

De cualquier manera, hay algo que se niega a encerrarse en una pantalla. El alfabeto confrontó al ser y la pantalla lo adormece. El alfabeto fundó sociedades, la pantalla las reúne, pero para decir nada, para hablar de lo trivial, de lo trivial que vive en las pantallas. ¿Podremos convertir a la pantalla en una nueva arena para el pensamiento? ¿O servirá únicamente para adormecer a Mildred en las noches que no pueda conciliar el sueño?

A publicarse en Errr-Magazine (Primer número)

2 comentarios:

{ t h e . f r e a k s t a r } dijo...

Me confieso adicta al efecto narcotizante de la pantalla... y me atrevo a afirmar que en lo más oculto de su existencia, también nos ofrece un mundo un poquito más útil que el impreso en tinta y papel. La pantalla es una alternativa ecológica y moderna para la educación y la transmisión de data importante... la pantalla no discrimina a sordos, inválidos o sidosos; irónicamente ni si quiera a los ciegos. Si nos ponemos "buzos", la pantalla hará el papel del cuenta cuentos y del mismo sacerdote... todo sea para el bien del hombre y de su evolución, salvo lo que proviene de aquellos malditos hijos de perra que se aferran a las herramientas para joder al mundo entero.

A M E N .

Erika Cortés dijo...

Me ha fascinado esta lectura.
Nunca había tenido la oportunidad de leer tus textos y debo decirte que me encantó como relacionaste todo. A mi gusto describiste perfectamente cómo es el mundo de hoy, y destacas muy bien la evolución por la que no solo la sociedad ha pasado, sino que también algo muy simple: el alfabeto.